Es difícil encontrarla hoy.
Se es consecuente cuando la opinión no cambia, así sea me esté viendo afectado o bien afecte a sistemas o personas afines a uno.
Se es consecuente, cuando un padre o una madre denuncian a su hijo o hija si ellos han cometido un delito y se esconden.
Se es consecuente, cuando se condena un acto repudiable, así lo lleve a cabo un amigo y nos duela en el alma.
Se es consecuente cuando, sin importar la ideología y si antes se había hecho, se condena un golpe militar a un gobierno elegido democráticamente.
Y aquí es donde no he visto consecuencia en algunos amigos de la izquierda. Hemos condenado en el pasado los golpes de estado en Honduras, Bolivia y otros. Lo hacemos hoy día exigiendo el regreso del poder a quienes fueron elegidos. Pero si el golpe de estado en teoría, viene de grupos afines a nuestro pensamiento, entonces cambiamos y lo justificamos.
Si actuamos así, no tenemos ninguna diferencia con las posiciones adoptadas en el pasado por la OEA, la ONU o EE.UU: Que aprueban y llevan a cabo golpes de Estado para apoyar su ideología, pero las condenan y atacan si les afecta.
Níger es claro ejemplo. Bolivia también lo fue. El primero para algunos de la izquierda y el segundo para algunos de la derecha.
Si fuéramos consecuentes nuestro discurso no cambiaría, y no buscaríamos justificarlo porque aquellos no lo fueron ni lo son.